Valcaria, un increíble viaje al corazón de la Tierra

Valcaria, un increíble viaje al corazón de la Tierra

Nos adentramos poco a poco en ese territorio mágico que es Valcaria, y lo primero que hacemos es preguntarnos a qué nos vamos a enfrentar, qué misterio alberga ese enigmático nombre, y lo hacemos como los exploradores del Viaje al centro de la Tierra de Julio Verne, estrato a estrato, sedimento a sedimento, capa a capa, galería a galería, descendiendo por el paisaje con expectación y asombro, siguiendo ese monumental puzle terrestre invertido por la extracción de carbón, y es en ese espacio donde despunta la localidad de Ariño, un canto a la simbiosis entre la actividad humana y el respeto por el medio que nos rodea. 
La minería ha sido y es aquí un modo de subsistencia muy importante y ha permitido modelar a lo largo del tiempo este precioso rincón de la Comarca Andorra Sierra de Arcos. Una población que se levanta sobre un suave promontorio y muestra una singular belleza y un decidido carácter histórico; y si somos capaces de proyectar nuestra imaginación hasta hace millones de años atrás, incluso podríamos visualizar en este punto a los fascinantes dinosaurios que vivían aquí, en un hábitat privilegiado paisajística y climatológicamente. 
Antes de llegar a Ariño, ya desde la carretera nos da la bienvenida al municipio, un impactante muro en el que vemos estampada la firma milenaria de las pisadas de los grandes saurios que dominaron esta región, un curioso mosaico en roca en el que se suceden una serie de huellas fósiles, las denominadas icnitas. Todo aquí parece hablar de un tiempo de rugidos salvajes y de una feroz y maravillosa lucha por la supervivencia.  
Valcaria
Ha sido el último centro satélite en levantarse en Dinópolis, abrió sus puertas al público en 2015. Esta sede supuso la constatación de que la cooperación entre el equipo de paleontólogos de la Fundación Dinópolis y el grupo minero SAMCA en la mina a cielo abierto de lignito de Santa María, situada cerca de Ariño, iba a dar como resultado el afloramiento y recuperación de un yacimiento paleontológico de un valor incalculable. Está ubicado en un piso geológico del Cretácico Inferior con una edad comprendida entre 113 y 110 millones de años de antigüedad, conocido con el nombre de Albiense, y que es muy relevante ya que los dinosaurios encontrados en sedimentos de este periodo son muy escasos en Europa.

El visitante llega de golpe a un espacio futurista en el que unos minimalistas dinosaurios en color óxido lo observan, lo reciben, y le dan la bienvenida a un edificio camaleónico que parece emerger de la Tierra como un búnker. Traspasar las puertas de esta sede tiene un romanticismo especial, impacta desde el acceso porque logra trasportar al espectador directamente a la entrada de una mina, con todos los artilugios que requerían los mineros, y con toda la mística que rodea ese momento iniciático y tenso de internarse en las entrañas de la Tierra para sacar lignito, un recurso energético que ha sido y es capital para entender la idiosincrasia de esta zona de la provincia de Teruel.
Luego se pasa a un espacio más amplio en el que se yuxtaponen 10 áreas, y en las que el visitante rápidamente capta los conocimientos didácticos básicos sobre la importancia paleontológica de Ariño y su entorno, y lo hace mediante una serie de modernos paneles luminosos, reconstrucciones paleobiológicas a distintas escalas, maquetas, una emocionante proyección y expositores interactivos que completan una itinerario apasionante. Todo esto logra introducirnos en una atmósfera cautivadora que nos ayuda a entender mejor la importancia que tenía esta zona hace millones de años, con un especial interés en cuanto a sus características climáticas, florísticas y faunísticas, y esa es una de las claves que nos ayudan a comprender mejor la formación de los actuales continentes, desde Pangea hasta la deriva continental actual.

Y en cada rincón de este recorrido nos asaltan las sorpresas, como podemos apreciar con las nuevas y valiosas especies de dinosaurios encontradas, Proa valdearinnoensis, un saurópodo que debe su nombre a la evocación de su predentario (pico) que tiene la forma del casco de un buque y a la Val de Ariño, población ubicada en las cercanías de Ariño, y el ejemplar del imponente y macizo acorazado Europelta carbonensis , que impacta por su robustez y su corpachón preparado para afrontar cualquier embestida, como se puede apreciar en el corpóreo que está en la sede y que es una de las piezas más fotografiadas en las instalaciones de Ariño.

En definitiva, un lugar para imaginar, para sentir el paso de las manadas de Proa, Europelta y tantos otros que configurarían un hábitat brutal y hermoso.

Río Martín
El eje geográfico que vertebra esta parte del territorio turolense y que le confiere una personalidad única es el río Martín, que con su delgado caudal ha sido capaz de modelar un paisaje abrupto, y hacer auténticas virguerías geológicas y transformar el medio en una especie de catedral de la naturaleza salvaje.

En torno a su mítico discurrir, se ha creado el Parque Cultural del Río Martín, en el que se incluyen territorios de la Comarca Cuencas Mineras, la Comarca Andorra Sierra de Arcos y la Comarca del Bajo Martín. Su itinerario fluvial queda delimitado al sur por el Macizo de la Muela (una estribación de la Sierra de San Just) y al norte por la Sierra de Arcos, y es un espacio heterogéneo donde el senderismo, la escalada, el barranquismo y la espeleología se combinan con acierto con la conservación del patrimonio etnográfico y arqueológico.


El Manantial de los Baños 
A unos dos kilómetros de Ariño, y como dos pequeños oasis que flanquean la corriente del río Martín, afloran dos surgencias de agua que están situadas en una zona de especial riqueza en cuanto a fauna salvaje como cabras monteses, y una rica vegetación con pinos carrascos, sabinas, enebros y romeros, y que tienen una gran relevancia ya que a lo largo de la historia se ha aprovechado la calidad de esas aguas y sus excelentes propiedades medicinales para mejorar problemas de la piel y el reumatismo, y que hoy tienen un gran potencial económico a la hora de generar riqueza a través del pujante turismo de salud.

Sima de San Pedro
Salimos de Ariño dirección a Oliete, y en ese trayecto hay una indicación que merece la pena seguir, una señal de madera nos guía por una pista de tierra y piedras que se retuerce como una pequeña víbora, vas descendiendo hacia el lecho de un río; aquí es más fácil imaginar el movimiento pausado de los grandes saurópodos observándonos con indiferencia mientras vamos buscando el valle encantado del río Martín. Cruzamos el cauce por un puente sencillo, en este trayecto hay algo magnético que nos conduce irremisiblemente hasta un pequeño promontorio que nos deja a las puertas de un sobrecogedor precipicio. La sima de San Pedro se abre como una inmensa boca abierta al cielo, un mareante despeñadero en un paisaje agreste y árido que surge de golpe como un precipicio capaz de albergar la eternidad. Circundar su perímetro es asomarse al vacío y sentir de golpe el peso de la vida. En la parte inferior y protegido de los vientos, aparece un lago enmascarado en el que se escucha el agua y el canto alegre de los pájaros. Con unos 100 metros de altura desde el punto más alto de la sima hasta el fondo del lago, se puede disfrutar de un espectáculo extraordinario en el que una naturaleza desbordante se asoma con timidez; inalcanzable a no ser que seamos unos valerosos espeleólogos. Un mundo fantástico donde quién sabe si algún día se podría avistar al mismísimo “Monstruo del Lago Ness”, es en definitiva, una suerte de Edén ignoto. 


Ruta de las Parras de Martín
Y en un intento de conocer mejor los secretos del entorno, y como si de Benjamin Button se tratase, vamos río arriba hasta llegar a un área de una especial belleza, el origen del río Martín que se forma donde confluyen los ríos de La Rambla, Vivel y las Parras, en el término municipal de Martín de Río. Avanzamos por el cauce de uno de ellos, el río de  las Parras y llegamos a  un lugar que nos regala la naturaleza, una senda oculta y que tiene una música propia. Una ruta senderista que parte de Las Parras de Martín, hay que vadear las aguas cristalinas del río de las Parras y remontar una loma  hasta un pequeño altozano, el camino avanza a través de un espectacular zigzag con forma de dientes de sierra, hay que superar varios cambios de nivel hacia un objetivo impresionante, dos Hocinos, el de las Palomas y el del Pajazo, dos maravillas de la naturaleza ideales para los amantes de la fotografía, de los deportes de aventura y en general para un turismo que con un esfuerzo ligero encuentran una recompensa insospechada.

Al final del camino el viajero piensa que esta aventura ha merecido la pena ser vivida y contada; mientras, Proa y Europelta se despiden desde su atalaya de millones de años, nos miran por última vez y siguen con su andar pausado, indiferentes a la gloria que les deparará un futuro que ya no verán.
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